Cosas de Cádiz
Manolo Sánchez

El Pigmalión sevillano de las coplas de Cádiz del XIX

El 'rey de los cantaores' Silverio Franconetti se entusiasmó por el género tan genuinamente gaditano que trasladó, e hizo triunfar, al coro de las Viejas Ricas en la capital andaluza. Un acontecimiento primero alabado, y después criticado por la prensa decimonónica de Sevilla
Manolo Sánchez
18/10/2019
Cádiz
El 'rey de los cantaores' Silverio Franconetti que llevo a 'Las Viejas Ricas' a la Sevilla del XIX

Si el flamenco cristaliza en algún momento en un género con cuerpo reconocible, que duda cabe que es con Silverio Franconetti (1831-1889) cuando se pasa de la opacidad de una época arcaica y oscura a la explosión magnética y brillante de un cristal fino y pulido. Aunque sevillano, siempre tuvo una especial relación con Cádiz, donde se le coronó como “rey de los cantaores”.Tanta fue la relación que cuando abrió en Sevilla en la calle Rosario el famoso “Café de Silverio” no dudó en traerse las mejores voces gaditanas para que los asistentes saboreasen de cerca la sal de la tierra.

Llegado el año 1885 un terremoto artístico sacude el panorama. De Cádiz, ciudad que siempre aportaba alguna novedad fuera cual fuese la disciplina, llega una agrupación carnavalesca que atrae como ningún otro género musical: Son “Las Viejas Ricas”. Unas viejas ricas tan unidas al cantaor sevillano que portaron su féretro en Sevilla cuando “el rey de los cantaores” fallece.

Así nos lo cuenta Jose Luis Ortiz Nuevo en el repaso que hace a la prensa sevillana de finales del siglo XIX en “¿Se sabe algo?. En un principio en el café-teatro de Variedades (cuyo nombre ya indica la fusión de géneros que se representaban) “el coro de las Viejas Ricas de Cádiz, cantando y tocando alegremente y luciendo vistosos y caprichosos disfraces, hacen las delicias de la concurrencia, la cual obliga con sus entusiastas aplausos a los artistas a que repitan y varíen sus trabajos. Felicitamos a la empresa por su acierto”. Era el 30 de mayo de 1885 y el carnaval ya triunfaba.

Días después se vuelve a insistir en el éxito de la agrupación gaditana y el 24 de Junio ya se cuenta en la prensa que sus actuaciones son diarias y el broche de oro a cada noche artística. Y así se pasa el año entero la agrupación gaditana. Pero claro, la morriña no solo es “gallega” y los componentes van volviéndose a casa siendo reemplazados por sevillanos.

Así pues, el éxito es tal que al año siguiente, ya en 1886, la prensa hace un llamamiento de atención al sr. Alcalde sobre “la epidemia de que estamos amenazados para la próxima semana de Carnaval. Nos referimos a las numerosas comparsas de “Viejas Ricas” que proyectan salir en los días aludidos.”

En dicha nota se refiere a lo chabacano e indecoroso de sus tangos puestos de moda, los cuales deberían ser prohibidos por las autoridades. Y se hace alusión a los originales como “Viejas Ricas de Cádiz”.

Hay mucho de lo que hablar en estos párrafos. Primero del éxito panhispánico del Carnaval de Cádiz, segundo del éxito de sus tangos “tan puestos de moda”, tercero de la vigilancia y prohibición sistemática desde siempre de una fiesta libre, transgresoras y peligrosa. Cuarto, sobre las copias que ya se hacían de lo que en Cádiz hacemos y por lo que tuvieron que ponerle el añadido “de Cádiz” a las Viejas Ricas para distinguir originales de copias. Quinto, sobre el distinguido y exquisito gusto que el gaditano imprime a lo que hace, que en cuanto es copiado se vuelve chabacano y soez…

Pero para hablar de todo esto es mejor leer a Alberto Ramos en “El carnaval secuestrado” o a Javier Osuna en su blog http://losfardos.blogspot.com/ que son los que realmente saben. Yo solo lo dejo ahí...

 

 


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